Poesías

ALBA

 

Quieto,

como no moviéndose
para que la sangre no rebase
la boca

Quieto,

como sintiendo un pájaro
herido
en la palma de la mano

sin cerrar la mano
sin abrir los ojos.

hay una fe que es absoluta:

una fe sin esperanza.

 

 

HAY PERROS QUE MUEREN DE LA MUERTE DE SU AMO

 

Hay perros
que mueren de la muerte de su amo

cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo

que no se agitan,
tiemblan.

Y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
de un torso de mármol,

son los que lloran cuando creen
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche.

Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
donde morir de carne,

pero no llora como quien lo hace
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño.

 

 

HACE APENAS DÍAS

 

Hace apenas días murió mi padre,
hace apenas tanto.

Cayó sin peso,
como los párpados al llegar
la noche o una hoja
cuando el viento no arranca, acuna.

Hoy no es como otras lluvias
hoy llueve por vez primera
sobre el mármol de su tumba.

Bajo cada lluvia
podría ser yo quien yace, ahora lo sé,
ahora que he muerto en otro.

 

 

ORILLAS

 

Afuera ladra un perro
a una sombra, a su eco
o a la luna
para hacer menos cruel la distancia.

Siempre es para huir que cerramos
una puerta,
es desierto la desnudez que no es promesa

la lejanía
de estar cerca sin tocarse
como bordes de la misma herida.

Adentro no cabe adentro,
no son mis ojos
los que pueden mirarme a los ojos,
son siempre los labios de otro
los que me anuncian mi nombre.

 

 

NOCHE ADENTRO Y NO DUERMO

 

A lo lejos, en un atardecer
en que el otoño
es un lugar en mi pecho,
comienzan a encenderse las ventanas,

mi nostalgia
por estar donde bien sé que al llegar
volvería a estar afuera.

Duelen los ojos de soñar tan a lo lejos
la frente de pensar
lo impensable de tanta vida
que no he abrazado,
tanta deuda de lo que no he nacido.

Poco a poco se apagan las luces,
es el lindero de una noche y otra noche,
la frágil vecindad
del miedo y la esperanza.

El último día podría ser éste que termina,
esta noche
en la que aún escribo

igual, pero sin una ausencia nueva
para seguir esperando.

 

 

HASTA EL FINAL

 

Vi un perro negro muerto

en la calle,
aplastado en medio de la acera, manchado,
porque nevaba.

Vi la vida, allí mismo,
y no había más que eso: la coartada
del inocente: pagarlo todo.

Sentí en la nieve la vida y me vi morir
como un animal que se resiste
hasta lo último
hasta el deseo de ser rematado,

hasta el gemido final,
el que pide perdón por todo crimen ajeno:
el que perdona a dios.

 

 

UN PEDAZO DE HAMBRE, UN VASO DE AGUA

 

Fiel a lo humano,

al tamaño de lo que los brazos
mecen,
a la fiesta
de lo que en las manos cabe,

a la callada esperanza
que es no apretar los labios.

Fiel a un vaso de agua
y al pedazo de hambre
que otro cuerpo nos trae,

fiel sorbo a sorbo, hambre a hambre.

Fiel al pudor de apenas una seña,
apenas el abismo
del otro
cuando el silencio
calla la piel que nos separa.

Fiel al límite de morir hombre,
de haber abrazado el vacío
que ese mismo abrazo llenaba.

 

 

LO ABIERTO

 

Cae quieta la lluvia,
lo abierto mana.

Cae la lluvia, cae sobre
la espera,

en la caída la lluvia es su camino
y el camino su llegada.

Hay que osar lo abierto y la caída:
el desierto de la sed
no la sed del desierto.

 

 

EN PLENA NOCHE

 

También en plena noche
la nieve
se derrite blanca

y la lluvia
cae
sin perder su transparencia.

Es ella, la noche,
la que nos libra de los reflejos,

la que nos expande
las pupilas.

Lo que busca con su bastón
el ciego es la luz, no el camino.

 

 

EL ANUNCIO

 

Raro relámpago del
instante,

brilla y ciega sobre
un plato blanco y vacío.

Hay que acoger el fulgor de la ausencia,
reflejar
el don de lo que no está
en cada cosa que creamos.

 

 

AFUERAS

 

Puerta en medio del campo:
lindero y puente entre dos afueras.

El borde del salto no es una orilla, es la vida
al borde de cada vida.

 

 

SED ADENTRO

 

La boca abierta bajo la lluvia
y el agua buceando el alma.

Sed adentro
hasta donde el mar se seca noche,
hasta donde la sed amanece playa.

 

 

PARTIDA A PARTIDA

 

I

Sin ropa se nace,
se brota

desnudo se llega:
partida a partida.

 

II

No tener adónde ir
no es que nadie nos espere,

es no tener dónde regresar:
la muerte es nacer afuera.

 

 

BAJO LOS TECHOS

 

Bajo los techos
se oyen respirar los sueños
en el callar de la noche;

en la calle
un niño,
sin sombra ni rumbo,

recorre el vacío de dios, paso a paso
desanda su esperanza.

 

 

INFANCIA

 

Llueve
y al árbol le pesan sus hojas,
a los rosales sus rosas.

Llueve
y el jardín huele a infancia,

a cercanía de todos los milagros,
a ausencia de todas las memorias.

 

 

INSTANTE

 

Unas hojas,
unas pocas hojas sacudidas
por el viento.

Un temblor en oscuro bosque,
un destello de vida,
un instante de niño.

 

 

RESPLANDOR

 

Ya noche,
caminando,
vi el instante de un relámpago
sobre el charco de una calle,

cerré los ojos
y, blanca e inmensa, y a la vez serena,
se encendía un alba.

 

 

NIEVE AL VIENTO

 

Copos de nieve al viento,
caen desde su ahora,
caen sobre su aquí.

Cuando no hay ayer, cuando
hoy es olvido,
no hay con qué imaginar mañanas:
hay sólo lo que siempre hay,
hay este estar naciendo.

 

 

(CONFESIÓN

 

El poema, el que anhelo,
al que aspiro,
es el que pueda leerse en voz alta sin que nada se oiga.

Es ese imposible el que comienzo cada vez,
es desde esa quimera
que escribo y borro.)

 

 

AMANECE Y CALLO

 

Amanece y
callo;

callo todo miedo, callo cualquier
presagio,

busco un alba virgen de mí,
busco el nacer de la luz,
no su alumbrarme.

 

 

SÓLO AL FINAL

 

Las dos orillas
son siempre una, pero se sabe sólo al final,
después, después de naufragar entre ellas.

 

 

EN LA PIEL

 

A lo lejos, afuera,
cae
una lluvia
que tan sólo huelo, una lluvia
que aún no ha llegado.

Aquí
en la piel, como en una página
en blanco,
espero que el agua, la lluvia,
lo que vive y tiembla,
me sea alguna vez revelado.

 

 

DE PIE

 

Anochece y el aire
se demora espera,

anochece
y la arboleda,
desnuda,
parece alzarse escuchando,

parece humana
bajo el silencio estrellado.

 

 

NACE EL DÍA

 

Nace el día
bajo un cielo despejado,

la claridad en la que todo
se muestra,
lo que hacia ella brota
y lo que su misma luz marchita.

Todo nacer pide desnudez,
como la pide el amor,
como la regala la muerte.

 

 

TODO

 

Anochece rojo brasas,
anochece
y pasa el viento,

pasa sobre el llano
que se abre noche,
que se despliega vientos.

Todo cabe en las manos vacías
y ese vacío es el don
y ese don es también todo.

 

 

INSOSLAYABLE

 

Apenas una brisa,
un estremecimiento en las hojas del roble,
un temblor que la piel acoge.

También la ausencia es huella,
pasos sin pisadas y, no obstante,
insoslayable camino.

 

 

ALTO, LEJOS

 

Alto,
lejos, por apenas
un instante
la nervadura de un relámpago
incendia de blanco mis ojos,

después todo regresa a lo oscuro,
pero ya no es sólo sombras:
son huellas de lo perdido.

 

 

DESMESURA

 

Cuando el alma ya es carne,
cuando se vive desnudo,

todo el afuera es la propia hondura,
desde cada otro
se escucha el propio latido.

 

EN ESTE VALLE

 

La noche
ya se escucha grillos
y ahora es el
viento
el que aleja o arrima el temblar
de lo que se inclina.

Hoy, en este valle,
bajo esta luna,
supe que el viento no pasa,
supe que siempre está llegando.

 

 

AÚN NO

 

Agitar las alas todavía no es volar,
aún no es afuera.

Cuando el alma cabe por dentro
es que aún no es el alma,
es que aún no es de carne.

 

AL INICIO

 

Al inicio fue la herida,
el latido resonó después.

Después la carne que la alberga,
después los cuerpos que la abren.

 

 

ENTREGA

 

Sin ecos,
en una tierra sin nombre,
un arroyo
murmura su paso,
transparenta su huella.

Ajena a sí nace la entrega,
adentrándose en la noche
se borra la propia sombra.

 

 

OSADÍA

 

Ver no es abrir los ojos,
es arrojar a un lado el bastón blanco:

osar andar
sobre el saberse perdido.

 

 

EN SÍ MISMA

 

Siempre
titubea una luz
que sólo se ve cuando
no enciende nada,
como una desnudez
que se revelara en sí misma,
no en los ojos de quien la mira.

 

 

TODA SOMBRA

 

En la noche
toda sombra es también la noche

y cada relámpago
un tajo
que abre un horizonte en la carne,

en la carne
donde se nace el alma.

 

 

HEREDAD

 

Se pone el sol
y el camino se va aunando
con la noche.

De regreso,
cada hombre encorva
su espalda

lleva el peso de la vida,
carga el miedo a la muerte

(la carga que nos hiere,
la herida que nos hermana).

 

 

(CONFESIÓN

 

El poema, el que anhelo,
al que aspiro,
es el que pueda leerse en voz alta sin que nada se oiga.

Es ese imposible el que comienzo cada vez,
es desde esa quimera
que escribo y borro.)

 

 

AMANECE Y CALLO

 

Amanece y
callo;

callo todo miedo, callo cualquier
presagio,

busco un alba virgen de mí,
busco el nacer de la luz,
no su alumbrarme.

 

 

SÓLO AL FINAL

 

Las dos orillas
son siempre una, pero se sabe sólo al final,

después, después de naufragar entre ellas.

 

 

EN LA PIEL

 

A lo lejos, afuera,
cae
una lluvia
que tan sólo huelo, una lluvia
que aún no ha llegado.

Aquí
en la piel, como en una página
en blanco,
espero que el agua, la lluvia,
lo que vive y tiembla,
me sea alguna vez revelado.

 

 

QUIEBRE

 

En el fracaso de la búsqueda
se revela lo que nos encuentra:

lo que pide ser acogido
en el vacío de lo que nos fue arrancando.

 

 

NIEVE AL VIENTO

 

Copos de nieve al viento,
caen desde su ahora,
caen sobre su aquí.

Cuando no hay ayer, cuando
hoy es olvido,
no hay con qué imaginar mañanas:
hay sólo lo que siempre hay,
hay este estar naciendo.

 

 

LOS PÉTALOS

 

Los pétalos, no las espinas,
es el dolernos la rosa.

Hiere
tanto nacerse, hiere tanta belleza
abriéndose alma en la carne.

 

 

ATAJO

 

Entre el ondular de
las algas, un pájaro muerto es llevado por el río;

un pájaro o la vida:
esa derrota abrazada.

 

 

ALTO, LEJOS

 

Alto,
lejos, por apenas
un instante
la nervadura de un relámpago
incendia de blanco mis ojos,

después todo regresa a lo oscuro,
pero ya no es sólo sombras:
son huellas de lo perdido.

 

 

EN ESTE VALLE

 

La noche
ya se escucha grillos
y ahora es el
viento
el que aleja o arrima el temblar
de lo que se inclina.

Hoy, en este valle,
bajo esta luna,
supe que el viento no pasa,
supe que siempre está llegando.

 

 

OFRENDA

 

Alguna vez,
cuando llegue a estar vacío,
cerraré la puerta y arrojaré
la llave;

sí,
habría que arrojarse afuera
como una ofrenda sin retorno,
como un regalo que nadie acoja.

 

 

DESPUÉS DE TANTO

 

Después, después de tanto,
el miedo se pierde
al renunciar a lo que jamás se tuvo:

soy mi victoria sobre lo que perdí,
soy lo que ya no espero.

 

 

ABRIR LAS MANOS

 

Conocernos es una entrega,
no un saberse,

es soltarnos
y descubrir que no nos hundimos,
que estuvimos siempre
sostenidos.

 

 

OSADÍA

 

Ver no es abrir los ojos,
es arrojar a un lado el bastón blanco:

osar andar
sobre el saberse perdido.

 

 

MÁS HONDO

 

Hay vidas
en las que el alma
se abre
más hondo
que donde esas vidas laten,
se abre como un relámpago
sin cielo ni trueno,

como una herida sin pecho

o un abismo
donde la belleza es alba.

 

 

VI

 

Hay una hendidura
en la palabra
hendidura,

un desgarro donde
cada palabra calla,
donde todo callar crea;
es lo que en el decir es aliento
no de sonido,
es donde en cada palabra

nos escuchamos revelados.

 

 

VII

 

Hacia lo alto, hacia la luz

se distancian las ramas,

en lo hondo,
en la oscura tierra,
las raíces se encuentran,
la sed las entrelaza.

 

 

X

 

Cuando la lejanía
late adentro
es que el adentro
ya es afuera;

es haber llegado al alma,
a ese hueco de nadie
que en cada uno se abre todos.

 

 

XXVI

 

No toda raíz
cumple
su destino de luz
ni cada grieta
abre su promesa
de abismo;

tampoco todo
andar
llega a palpar la tierra:
apenas uno que otro
entra descalzo a la muerte.

 

 

XXVIII

 

El día no es solo día
también es
noche encendida,
sombra trasparentada.

Es porque no tiene sombras
que no vemos lo que el vacío enciende,
que no vislumbramos
lo que nos queda
cuando no nos queda nada.

 

 

XXIX

 

Solo desde
lo que se arranca del todo
nace lo que nunca estuvo

(de la semilla que guardamos
crece apenas
lo que ya fuimos).

 

 

XXXIII

 

También el silencio
es huella,
huella y seña
hacia lo sin nombre

hacia lo que solo
se escucha
en la renuncia
a nombrarlo.

 

 

XLI

 

Sin cerros ni arboledas
el viento vuela ancho
la calma del valle.

Más vasto que esperar algo
es el no nombrar la espera:
ese no saber
lo que llega,
ese dejar que nos nombre.

 

 

XLIV

 

Hay tajos
que son de amor
que nos abren un adentro;

hay tajos,

esos mismos tajos,
que nos salvan de nosotros:
que nos regalan su afuera.

 

 

XLVI

 

Todo río vuelve
a su cauce
y el polvo a la tierra.

No es hacia lo alto
que se despliegan las alas:
volar se vuela
en las honduras
que las raíces cavaron.

 

 

XLVII

 

Siempre hay algo
que no llega a volverse carne:
no es que nos falte
es que nos excede.

La vida no cabe en la vida
por eso siempre,
en algún lugar, se nos parte.

 

 

XLIX

 

Al final no habrá final
habrá la entrega:

ese salto
sin orilla desde donde darlo,
ese saltar al vacío
desde el que una vez
llegamos,

esa entrega
para la que nos fuimos
vaciando.