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APARECIDO EN EL MERCURIO CHILE 2008 FIRMADA POR CRISTIÁN WARNKEN SILENCIO Un médico que acaba de operar un cuerpo enfermo de cáncer, un anestesista que libró hace pocos minutos una lucha con el dolor de alguien, una enfermera que todavía trae el olor del cloroformo pegado en la piel. Un estudiante de medicina que apenas ha tenido tiempo de respirar en estos días agitados de su práctica. Todos entran a la sala, como monjes blancos de una ciencia -la medicina- que terminó por ocupar el lugar de la magia, de la religión, de lo que antes curaba al hombre. ¿Quién alivia hoy de verdad el dolor del hombre? ¿Puede la ciencia -la hija estrella de una madre muerta, la sabiduría- calmar por sí sola el dolor que se aloja en el corazón de todos, los sanos y los enfermos? Pienso en eso cuando veo entrar al poeta argentino Hugo Mujica al auditorio de este hospital y centro docente Padre Hurtado, en pleno corazón de las comunas más populosas de Santiago sur. Pero, ¿quién es Hugo Mujica? Eso deben preguntarse los que repletan la sala, mientras palpan sus celulares ansiosos, sus estetoscopios en espera. Hugo Mujica se parece al protagonista de la película "Stalker" de Tarkovski, ese hombre como venido de otra parte, que parte en búsqueda de la "zona", acompañado de un intelectual y un científico, entre otros. Es el único que sabe esperar, soportar el silencio, el viaje a veces absurdo para llegar a ese lugar sagrado, fuera del tiempo, que alguien ha encontrado en un lugar del planeta devastado. Mujica, como Stalker, parece un extraterrestre iluminado por una suave fiebre que se llama "espera". Eso viene a decir Mujica a los que vienen a escucharlo sin saber quién es: que ha llegado la hora de callar, que hay que ponerse a "la escucha", que cada uno de nosotros llegó al mundo sin pedirlo, que todo se ha dado porque sí, que "no hay dádiva /sin la mano que la espere/ sin la palma que la coja". Un silencio emocionado, expectante, acoge cada palabra de Mujica. Pero, ¿quién es Mujica? ¿Importa realmente saberlo? Él ha llegado aquí, a este lugar donde se nace y se muere, se sana y se enferma, sin que nadie se lo pidiera. Porque sí. Porque siempre lo fundamental ha sido así. "Desde que el hombre es hombre se ha reunido siempre en torno a alguien que habla, para preguntarse qué es eso de estar acá, qué es eso de pertenecer a la vida, pues para el hombre la vida ha aparecido como una pregunta...". Es Mujica quien habla y, hechizados por sus palabras y poemas limpios, casi transparentes, médicos y enfermeros se transforman en "pacientes", pacientes de la Poesía, ese lenguaje que "hace que lo ausente siga vigente, que hace presente lo que se acaba de perder". ¿Y qué se acaba de perder? Nosotros mismos, la vida, el presente que nos ha sido donado, lo hemos perdido. ¿Y cómo lo hemos perdido? Dejando de celebrar y, antes que nada, de escuchar. ¿Y qué hay que escuchar? Hay que escuchar la lluvia que cae y la que todavía no llega, escuchar lo que los estetoscopios y los celulares no escuchan: nuestro propio silencio. Isaac de Nínive lo dijo: "El silencio es el misterio del mundo venidero. El habla es el órgano del mundo presente. Muchos buscan con avidez, pero encuentran únicamente aquellos que permanecen en silencio". Pero, ¿quién es Isaac de Nínive? ¿Y qué importa? No importa saber, sí importa escuchar. ¿Quién eres tú? Eso importa. Todo lo demás es ruido, allá afuera. Acá se ha instalado una comunión del silencio abrazado. Mujica habla, musita sus poemas, y no llueve, pero llueve. ¿Alguien ha muerto mientras escuchamos a Mujica en este hospital? "Hace apenas días murió mi padre/ hace apenas tanto/ (...) hoy no es como otras lluvias,/ hoy llueve por vez primera sobre el mármol de su tumba./ Bajo cada lluvia/ podría ser yo quien yace, ahora lo sé,/ ahora que he muerto en otro". Mujica recita. Mientras él recita, alguien ha nacido, en este hospital u otro, sin saber por qué. Médicos, enfermeras y estudiantes están a la escucha de lo naciente. Tal vez por primera vez. .................... RESEÑA APARECIDA EN EL ABC MADRID 2006 FIRMADA POR MARTÍN LÓPEZ-VEGA "Soy el freak que fue a Woodstock", ha dicho de sí mismo alguna vez Hugo Mujica (Buenos Aires, 1942) ironizando sobre su biografía, rocambolesca pero no exenta de coherencia: en los 60 fue hippie en Nueva York, donde se mantenía lavando platos o vendiendo discos a la vez que pintaba (estudió Bellas Artes, pero también Filosofía, antropología filosófica y Teología) y experimentaba con drogas. Quizás, ha reconocido, fueron el camino para desarrollar su lado espiritual (también su interna relación con el gurú Satchidananda, a quien le había presentado Ginsberg). Después de aquello vinieron siete años repartidos entre tres monasterios de EE.UU., Argentina y Francia. El caso es que un día estaba en la cocina del monasterio preparando el té para la comunidad: anotó lo que veía mientras se ponía el sol y surgió su primer poema. Después vinieron los libros de versos que se integran ahora, ligeramente revisados, en esta Poesía completa (1983-2004), además de varios volúmenes de una particular variante del ensayo no ajena a la propia creación poética, los más destacados de ellos La palabra inicial, Flecha en la niebla y Poéticas del vacío (en la editorial Trotta). No hay grandes saltos en el devenir poético de Hugo Mujica: desde el inicial Brasa Blanca (1983) hasta Casi en silencio (2004, Pre-Textos) Mujica parece escribir un único libro sustentado en una concepción de la alteridad como método de autoindagación que no tiene nada de borgiana, pues en esta obra nada es juego literario, nunca se pierde el contacto estrecho con la realidad. EVOLUCIÓN SIN SALTOS Los nombres que alumbran esta poesía son otros: San Juan de la Cruz, Paul Celan, María Zambrano. Suya es una frase que a Mujica le gusta especialmente y que bien podría servirle a modo de poética: "La poesía no se aleja del temblor de las hojas". No hay saltos en la obra de Mujica, pero una evolución que da forma a su voz y elimina cada vez más las esquirlas de lenguaje vanamente poético —a las que está expuesto cualquier principiante, por tardío que sea su inicio— hasta llegar a la plenitud de Noche Abierta (1999, Pre-Textos), Sed adentro (2001, Pre-Textos) y Casi en silencio, un libro en cierto modo, continuación y complemento del anterior. Gusta Hugo
Mujica de darle vueltas al lenguaje para descubrirle nuevos sentidos. El
ejemplo que copio es de Sed adentro,
quizás el mejor de sus libros y al que el propio autor se ha referido en alguna
ocasión como "el más cálido, el más despojado": "Hay que osar lo abierto y la
caída:/ el desierto de la sed / no la sed del desierto"; de abrir brechas en la
realidad para señalar sendas nuevas: "Lo que busca con su bastón / el ciego es
la luz, no el camino". Las referencias a la naturaleza son habituales en esta
poesía que busca el sentido no amontonando referencias, sino desbrozando hasta
llegar a lo esencial: "La lluvia", escribe, "no deja trazos, sólo pasa, /
desnudando". CLÁSICOS DEL ZEN Leyendo estos poemas, queda claro que la experiencia del silencio ha sido mucho más determinante en la formación del poeta que los años de experimentación física e intelectual: a menudo algún poema, algún fragmento pueden recordarnos la obra de los grandes poetas de Oriente. Esta poesía no es ajena a la influencia de los clásicos del zen, pero es sólo una de las muchas fuentes de una poesía cuya forma de mirar es muy nueva. Un poeta japonés ve y describe la gota de rocío que se desliza en una hoja: Mujica escribe desde dentro de la gota de rocío, la comprende y nos da su sentimiento en forma de enseñanza sutil. Porque hable de lo que hable, siempre está desvelando asuntos del hombre, de sus incertidumbres y de un camino que no consiste en dejar atrás la duda, sino en comprenderla y aprender a convivir con ella. Son varios los rasgos que hacen de su obra un referente ineludible de la actual poesía en lengua castellana. De un lado, su absoluta originalidad, basada, como no podía ser de otro modo, en la búsqueda interna y no en el exhibicionismo externo; de otro, su capacidad para reunir corrientes de pensamiento muy diferentes y que da un fruto puro y destilado, en absoluto pedante ni libresco, sino completamente vivo. La poesía de Hugo Mujica es una poesía útil, sirve para lo que ha de servir la poesía: para ir componiendo poco a poco ese libro de instrucciones de la vida que no nos dan cuando nacemos.
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El 'Ya, pero todavía no' en la poesía de Hugo Mujica por Ana María Rodríguez Francia A partir de fundamentos metodológicos y epistemológicos que enfocan pensamientos como los de Paul Ricoeur, Martin Heidegger, Stéphane Mallarmé y, sobre todo, Meister Eckhart, Ana María Rodríguez Francia estudia la poesía de Hugo Mujica, como una búsqueda del "Dios sin Dios" eckhartiano. La fórmula teológica del "Ya, pero todavía no" aparece como fundamento de la poética de Hugo Mujica, a quien la autora visualiza como un poeta que abre nuevos rumbos en la lírica argentina.
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Hugo Mujica reportaje por Ana Emilia Lahitte Ana Emilia Lahitte nos entrega en este libro -integrado casi en su totalidad por una entrevista- una versión documental de la intelectualidad singularísima de Hugo Mujica , de su cosmovisión ante el acto creador de la escritura, puesta al servicio del hombre y su interioridad, de lo humano como ser pensante y de la poesía como una toma de conciencia de la belleza. |